Soberanía y continuidad del proyecto nacional *


Buenas noches a todas y a todos. Vamos a hablar de soberanía, pero este es sólo un título para conversar juntos sobre la realidad.

Lo cierto es que esta etapa que estamos viviendo me trae algunas reminiscencias de otras etapas. Estuve siguiendo algunos tramos del debate en la Cámara de Senadores sobre la recuperación de YPF, y pensaba cómo han cambiado las cosas en estos años. No podría decir que he perdido sensibilidad, porque es eso mismo lo que me lleva a hacer política, me refiero simplemente a temblar con lo que uno ve que es injusto, de lo contrario perderíamos capacidad de lucha. Pero sí tal vez, he perdido facilidad para emocionarme. Y, sin embargo, el anuncio de nuestra Presidenta en Casa de Gobierno me hizo emocionar. Mientras la locutora oficial leía el proyecto, pensaba para mí: ¿tendrá esta chica plena conciencia de lo que está leyendo? En definitiva, sentí, después de muchos años, que estaba participando de un momento que podría llamar histórico (aunque es la historia la que se encargará de ratificarlo).

Algo similar a lo que sentí al participar de una Asamblea Legislativa convocada por Alfonsín al día siguiente del levantamiento de Semana Santa, con la presencia de innumerables sectores y referentes sociales (yo no participé como legislador sino como dirigente juvenil). En aquella Asamblea el entonces Presidente dijo: “La democracia no se negocia”. Y, no obstante, a los pocos días estaba mandando al Parlamento el Proyecto de Ley de Obediencia Debida, que contradecía absolutamente el espíritu del Juicio a las Juntas y la formación de la Conadep. Aquella sensación se fue diluyendo con el correr de las horas.

Sí era legislador en la sesión que privatizó YPF, en 1992. Pero no estaba en el recinto porque algunos de quienes nos oponíamos intentamos –infructuosamente- impedir el quórum, pese a que la moda dominante era acusarnos por ello de ‘no querer trabajar’.

Todos estos procesos, de los que he sido testigo –si se quiere, calificado- me han dejado la enseñanza, o, más bien, la comprobación práctica, de que aun cuando estén guiados por intenciones parecidas, los procesos protagonizados por la base social del peronismo son mucho más intensos, más sólidos, más consistentes, que aquellos que se sostienen en las capas medias. Incluso el proyecto de los 90, para lo cual hubo que, previamente, barrer los símbolos que formaban la memoria histórica popular del peronismo: entregar la economía a una multinacional, nombrar a la dirigencia liberal en altos cargos de gobierno, y abrazarse con el almirante que había inspirado el golpe de 1955.

De aquí, que, mucho de lo que estamos viviendo actualmente, tiene que ver con la recuperación de aquellos símbolos del movimiento nacional y popular. Y no es casual que se lance un Centro de Estudios Políticos como éste, debido a que estamos en presencia de una sociedad que se involucra mucho más que en las décadas anteriores, en el debate de lo público. Nadie podría sentirse convocado a una épica, a una empresa colectiva, para indultar a un genocida, pero sí para juzgarlo y condenarlo, con todas las garantías procesales. Lo mismo pasa si comparamos las ‘relaciones carnales’ o los ‘retiros voluntarios’ de los 90, con el No al Alca y la creación de UNASUR o con la recuperación de las paritarias.

Otra reparación simbólica fundamental fue aquel “proceda”, ordenado al Jefe de la Casa Militar, a partir del cual el Estado, como tal, decide reparar lo que había sido, precisamente, un plan sistemático de exterminio organizado desde el Estado, y se abren las compuertas de la memoria, la verdad y la justicia como marco de referencia de un nuevo ciclo histórico en materia de derechos humanos.

Y convoca también, al debate público, lo que tiene que ver con el título de esta charla, la soberanía. Tener soberanía es tener poder, tener soberanía es estar sujetos a las menores condiciones externas posibles, es tener la capacidad de autodeterminación. Es decir, la Argentina, y esto es lo que no soportan los poderes fácticos, está discutiendo el poder.

No sé si ustedes recuerdan, que, a fines de septiembre del año pasado, el Presidente de Bolivia, Evo Morales, tomó la iniciativa de construir una carretera que afectaba el territorio de una de las comunidades indígenas, aliada a la coalición de su gobierno. Hubo una reacción muy fuerte, se reprimió, el Presidente pidió perdón y renunciaron algunos ministros. De este hecho se hicieron, además, varias lecturas. Ante esas lecturas diversas, en una de mis clases dije a mis alumnas y alumnos: ‘les voy a mandar un correo con los enlaces de los medios alternativos de Bolivia, porque la interpretación de los medios oficiales la pueden encontrar entrando a las páginas de los diarios de mayor circulación’. Y, ni bien lo dije, pensé: ‘si en Bolivia, el gobierno lo ocupa Evo Morales, cómo es que la interpretación más cercana a un gobierno popular como ese provenga de los medios alternativos; habitualmente, lo oficial se asocia a lo gubernamental’. En definitiva, lo que estaba haciendo es distinguir gobierno de poder. Cuando mencioné a la prensa ‘oficial’, no me refería a la del gobierno, por más plebiscitado y legitimado socialmente que estuviese, sino que me refería a la prensa del poder.

Esa misma relación se repite en toda América latina, y en la Argentina en particular. Unos de los grandes méritos de ese corte histórico que se hizo a partir de 2003, aún con todos sus claroscuros y contradicciones, es haber puesto como eje del debate la cuestión de poder, diferenciar lo que es el gobierno del poder.

Y esto me lleva a describir la mesa del poder: ¿cómo es la mesa del poder? Si uno la quisiera describir en términos simbólicos, ¿quién se sienta en la mesa del poder? Lo hacen los poderosos: la embajada de los EE.UU., las grandes corporaciones económicas, financieras, mediáticas, la autoridad eclesiástica, las grandes cámaras empresarias; y se sienta la política. La política es un actor en la mesa del poder y muchas veces no defiende los intereses generales y es cooptado por los otros miembros de la mesa. Alfonsín sancionó de buena fe la ley de Obediencia Debida, no lo hizo por travestismo ideológico. Estaba convencido de que con eso salvaba a la democracia institucional. Un domingo por la mañana nos convocó a su residencia de Olivos – yo presidía la Juventud Radical en ese momento– y nos dijo que teníamos sólo un veinticinco por ciento de chances de salvar la democracia, y un setenta y cinco por ciento de que nos dieran un golpe. En definitiva, él decida algo que años más tarde explica en uno de sus libros: “hay que limitar la justicia para salvar la democracia”.  de75% que nos den un golpe” y nos plantea algo, que después lo explicaría en un libro que escribiría años después, que podría resumir diciendo: “Hay que limitar a la justicia, para salvar a la democracia”. A lo que yo le respondí: “Mire, doctor, el problema es que si usted toma esa decisión, se bifurcan los caminos. Lo que hay que ver acá es qué tipo de democracia estamos salvando. Me parece que si ésta es la decisión, uno renuncia a defender la democracia construida con el pueblo en la calle –aún con todos sus riesgos- y salva a la democracia que esta condenada a negociar con el poder”. Él tomó por este último camino. Y, a partir de aquel momento, y hasta 2003, tuvimos presidentes, que, en lugar de interpelar al poder en nombre del pueblo que los había votado, se justificaron ante ese mismo pueblo en nombre del poder. Repito, ése es el corte histórico que hace Kirchner, ocupa la silla de la política en la mesa del poder, para otra cosa.

No digo que hizo todo bien, no digo que nunca se equivoco. Digo que ocupo esa silla del poder para otra cosa, que es decirle “Señores, yo voy a hacer todo lo posible para que ustedes no me pasen por arriba, yo acá recupero autoridad política y si tengo que caer, caigo por hacer lo que tengo que hacer, porque sé que de la otra manera voy a caer igual, en nombre de lo peor, y no de lo mejor”. Es a partir de ahí se recupera esta capacidad de la política de interpelar al poder. La silla en la mesa del poder se puede ocupar para preguntar donde se firma o para decir “Señores: yo tengo un capital social humano, una legitimidad colectiva que es el que me da el mandato. Y en nombre de estas ideas, en nombre de esos valores, estoy acá sentado y voy a discutir con ustedes, hasta donde me dé la fuerza, hasta donde me dé la inteligencia. Pero estoy dispuesto como actitud, a discutir con ustedes”. De esto se está discutiendo en la Argentina. Y esto es lo que no tolera el establishment.

Hay una biografía de Héctor Magnetto escrita por José Ignacio López, un periodista que en su momento fue vocero de Alfonsín y que hoy lo es de la cúpula del Episcopado y del diario La Nación, que dice que Magnetto siempre tuvo una gran vocación política, y en su juventud era mano derecha de uno de los fundadores del Partido Desarrollista, Rogelio Frigerio. Un día, se dio cuenta de que se le bifurcaban los caminos para proseguir con esa gran vocación política, entre continuar en el partido o hacer su carrera en el diario Clarín. Y, con el fin de acumular mayor poder político, eligió el diario Clarín. Esta línea que divide la idea de gobierno de la idea de poder real, nunca había sido explicitada como en esta época. Insisto, ese es el gran mérito de Néstor Kirchner. Haber desenmascarado cómo desde fuera de la política, desde los grupos de poder, se manejaron históricamente los hilos de la política, inclusive para corromperla y desacreditarla, de modo que la ciudadanía se peleara con la política y no con el poder. Mostrando la peor cara de la política, se generaba la despolitización, núcleo de la degradación de la sociedad de los últimos treinta y cinco años.  “O los arrodillo, o los convierto en corruptos”. Pero la cuestión es que la gente no tiene que creer en ella ni en ellos, o, tiene que creer en ellos durante el tiempo mientras mis tapas de diario lo permitan, y cuando yo decida, dejen de creer. Y, así, comenzamos de nuevo. ¿Quién de todos los que se sientan a la mesa del poder renueva su mandato cada dos o cuatro años? Ninguno, sólo la política. Éste es el aprendizaje que hemos hecho.

Cuando, como en mi caso, se enseña Ciencia Política en la Facultad, normalmente lo hacemos desde una formación  eurocéntrica, liberal, proveniente de los valores que inspiraron la Revolución Francesa, Montesquieu, Rousseau, luego la Constitución de los EE.UU. Pero ha llegado un momento de mi vida en que he puesto en fuerte cuestionamiento esto, porque todo ese sistema de mediaciones institucionales es tan sofisticado, que termina jugando a favor del poder. Está armado en función de los intereses de la clase dominante. Entonces, cuando el establishment califica tan peyorativamente de populistas a los gobiernos populares que tenemos actualmente en América Latina, lo que está haciendo es expresar la ira por haberse puesto en evidencia estas cosas, y por haber construido una relación mucho más directa entre el liderazgo político y la voluntad popular, que muchas veces salta por sobre todo aquel andamiaje de ‘mediación institucional’ demoliberal. Pero no en nombre de la no-institucionalidad, sino en nombre de otras instituciones. ¿O es que la asignación universal, las paritarias, la ley de medios o el matrimonio igualitario no son instituciones?

En diciembre del 2010, el dictador Videla, responsable de las cosas más horrendas que uno pueda imaginarse, pudo hacer su alegato en el juicio de Córdoba, presidido de todas las garantías constitucionales, y sin una sola gota de venganza, aun remando los organismos de derechos humanos contra los indultos y las leyes de impunidad, contra los intentos de ‘reconciliación’. ¿Puede pedirse mayor calidad institucional que eso?

Ahora, desde luego, cuando se discute el poder con los que han sido tan hegemónicos, donde ha habido tantos desequilibrios, no se puede ser neutral, hay que ejercer el poder. Y ejercer el poder significa, entre otras cosas, utilizar todas las herramientas que nos permite la ley.

Y el nuestro es un gobierno, que, además, es fiel a valores muy caros a la idea de la república, la res-pública, la cosa pública. Por ejemplo, frente a la criminalización de la protesta social, ha preferido pagar el costo de que miles de personas que van en auto digan que no pueden pasar por una calle porque ‘la cortan cuatro tipos’, reitero, prefiere pagar ese costo, al  que debería pagar en el hipotético caso de una muerte por represión social.

Estamos ante un gobierno que respeta la más absoluta libertad de expresión, porque si no, se podrían decir las cosas que se le dicen. Escuchemos los programas de TV o de radio,  veamos las columnas de los medios que tienen mayor tirada, ¿adónde está el control a la prensa? ¿Dónde están los límites a la libertad de expresión? Desde luego que se construyen contrapesos para decir otras cosas y para decodificar el mensaje del poder en otro sentido, y eso fue, en definitiva, lo que se puso en discusión con la Ley de Medios, y con esta última Ley que votamos en diciembre de Desmonopolización de Papel Prensa. El gran temor de algunos “dirigentes políticos” entre comillas (porque no son ellos los que dirigen la política sino los que ejecutan la política que se decide afuera de la política), era que si el gobierno regula un monopolio privado la prensa pudiera caer en las garras de la política, mientras que, en realidad, en esta ecuación la política es el eslabón mas débil. Lo que hay que hacer es independizar a la política de la influencia que tiene el poder económico sobre la prensa, no independizar a la prensa de la política. Porque la política es lo mas débil en un país donde el poder -e inclusive el poder político- fue ejercido por el establishment y por todas esas otras sillas que ocupaban en la mesa del poder que mencionábamos.

En el medio de todo esto, la presidenta desde que inicia su segundo mandato, va tomando medidas que, a mi me parece, van creando un clima de reconstitución de la idea de soberanía, de la idea de reapropiación de lo propio, de lo que es de uno, del pueblo. Y lo hace desde la idea de: “sigamos discutiendo el poder con el poder”, que es lo que ellos no toleran. Porque una de las primeras cosas que hace es decirle a las petroleras y a las mineras que liquiden sus divisas en el país, no les permite llevarse los dólares afuera.

En el mismo sentido tenemos el control de cambios. Hace unos días, en un programa de televisión, un legislador opositor decía, como una falla del modelo, que “la Argentina necesita imperiosamente acumular dólares y evitar que se vayan”. El mismo legislador que hacia dos meses criticaba la fuga de capitales. Entonces, cuando hay fuga de capitales, se critica la fuga de capitales, y cuando el país dice vamos a poner límites a la fuga de capitales también se lo critica. Como en cualquier país serio, quien deba comprar dólares deberá señalar claramente el origen legal de los fondos con que lo hace, y el propósito que tiene.

Con la misma lógica se emprende el control de las importaciones, donde yo creo que hay algunos desajustes e imperfecciones que son comprensibles, cuando un gobierno decide por primera vez en muchísimos años tener política industrial, administrar su comercio exterior. En definitiva, hacer lo que hacen los países que deciden proteger su industria, que son justamente los países mas admirados por algunos discursos opositores. El problema es que a veces se frena la importación de algunos productos básicos y se interrumpe el proceso productivo de algún producto que no afecta nuestra balanza comercial. Es decir, que se causa un perjuicio innecesario. En este aspecto, el problema central es, para mí, que desde hace cuarenta años que se viene destruyendo el cuerpo burocrático del Estado, y no contamos con todos los recursos humanos suficientemente capacitados para dar respuesta a cada uno de estos problemas, en los que hay que estudiar caso por caso si se está causando un perjuicio evitable. Son estos desacoples los que tenemos que ir ajustando, sin perder de vista que la decisión central es la correcta. Con ella, entre otras, podremos seguir acumulando superávit comercial en dólares, y ello significa autonomizarse del endeudamiento y conseguir una masa de recursos para la redistribución en políticas públicas y políticas sociales.

Otro punto en la reconstrucción de soberanía es Malvinas. Como ven, yo creo que no hay soberanías parciales. Es imposible que un país sea débil en todo y soberano en Malvinas. Imaginemos qué capacidad tendría hoy la Argentina de pedir a los países hermanos que no dejen entrar un barco inglés, si nosotros tuviéramos todos los meses una misión del FMI monitoreando nuestra economía, ¿cómo haríamos? Creo en la soberanía como un concepto integral, abarcador, que hace fuerte y con autodeterminación a un país. Y a partir de esa fuerza y de esa autodeterminación, ser soberanos significa mirar desde otro lugar los temas como la deuda, YPF, Malvinas, etc. Esto marca, además, uno de los cortes conceptuales más fuertes respecto de lo que fue la bravuconada de la dictadura. Ellos fueron por lo territorial, cuando se regalaba la soberanía en todos los demás aspectos.

Creo que hay un clima de construcción de soberanía muy fuerte, que prosiguió con el tema de la  recuperación de autoridad monetaria para el Banco Central, que permite decirle a los bancos hacia dónde hay que orientar el crédito, desde el momento que el dinero de los bancos no es dinero propio, sino de los agentes productivos de una sociedad política y económica. No son  capitales que vienen del exterior y que,  filantrópica y dadivosamente, son puestos a disposición de los usuarios. Los bancos se capitalizan con el funcionamiento de un sistema económico. Esto es, si hay una política económica que genera más empleo, más recursos, más rentabilidad, mas fábricas, más ahorro, los bancos se capitalizan, y el Estado es el responsable de direccionar el modelo económico y decidir hacia dónde destinar esos recursos económicos, justamente para sostener el proceso.

La Argentina va en un proceso de franco crecimiento. Puede ser que baje un par de puntos este año, en términos absolutos, si uno lo compara en términos  relativos con el crecimiento del año anterior. Ahora, si se lo compara con el clima de recesión del mundo desarrollado, el crecimiento argentino está por encima del promedio mundial. Mantener este círculo virtuoso de crecimiento implica garantizar la producción energética, que en este contexto de desarrollo ya no es suficiente. Esto significaba que había que importar energía, lo que exige un mayor egreso de recursos, achica el superávit y le pone un cuello de botella al crecimiento. Y es en este contexto en que el gobierno dice “Señores, mantener el crecimiento es una decisión política y hay que sostenerlo energéticamente. Para ello hay que recuperar  el control de la empresa que domina el mercado energético. Es la que tiene más capital y más porcentaje del mercado, no tiene el yacimiento más grande, sino un tercio del mercado, los otros dos tercios están distribuidos en empresas menores, pero es la empresa testigo y por lo tanto hay que recuperarla”. Y se recuperó el control expropiando las acciones de quienes tenían el control.

Si por argumento España va a exponer en un tribunal internacional las cosas que dijeron sus funcionarios, que tiene mucho más que ver con tapar la verdadera crisis que están viviendo, frente a los argumentos esgrimidos por el subinterventor Kicillof en su alocución de la semana pasada en el Senado, -en la que enumeró todos los incumplimientos de la empresa-, puestos ambos en un estrado internacional, las posibilidades de Repsol se reducen a cero. No hay posibilidades de que la Argentina pueda verse perjudicada en una presentación internacional por una empresa que ha distribuido utilidades una vez y media de su capital inicial, y que, en el último año, aplicó a la exploración sólo el 0,2% de su facturación.

Muchos preguntan ¿Cómo lo vamos a pagar?. Hay herramientas porque hay muchísimas formas de sustentabilidad para aplicar al proceso productivo. Porque el Banco Central autoriza ahora a utilizar reservas para el funcionamiento del modelo económico y no solamente para controlar la inflación. Porque hay una partida estructural del Ministerio de Planificación para infraestructura energética. Pero, para no caer en una respuesta meramente financiera, creo que hay que cambiar la mirada y decir “Señores, si yo recupero una empresa que tiene pozos petroleros, que tiene refinerías, que tiene una red de transporte y distribución, que tiene una red de comercialización, que tiene personal técnico y profesional altamente calificado, que además de jugar por el salario ahora va a jugar también ‘por la camiseta’, se están recuperando ganancias, nos estamos capitalizando”.

En segundo lugar, hasta que el Tribunal pertinente haga la tasación, la empresa fije su precio, se inicien los litigios, primero dentro del nivel administrativo argentino, después dentro del Poder Judicial argentino y por último, eventualmente, en el ámbito internacional, van a pasar tantos años, que la Argentina, con un buen desempeño de su nueva empresa petrolera va a cambiar completamente su ecuación económica y política  para fijar el precio de la empresa. Además, con tanto perjuicio causado, tantos daños causados en términos productivos y ambientales, tanto pasivo acumulado aquí y en el exterior, es probable que nosotros tengamos que fijar un precio en el que la empresa le tenga que pagar a la Argentina, y no que la Argentina sea la que le tiene que pagar a la empresa. ¿Con esto se crea inseguridad jurídica y se ahuyentan inversiones? Lo que ahuyenta inversiones es un país que, puesto en la disyuntiva, decide detener el crecimiento y por lo tanto convertirse en un país inviable. Cuando un país toma la decisión política de proseguir el crecimiento, de garantizar la base energética y de continuar el circulo virtuoso, es eso lo que atrae a los negocios de las empresas. Eso sucedió en Bolivia cuando unos días después de declararse la nacionalización de gas, Evo Morales le dice a las empresas que le hicieran juicio al Estado boliviano no iban a poder participar del negocio futuro. Resultado: ninguna de las empresas le hizo juicio al Estado boliviano, y hoy están participando del negocio. La diferencia es que, en lugar de estar apropiándose del 80% de la renta, se apropian del 18%, y el resto se lo apropia el Estado, para destinarlo a la redistribución social, generando mayor inclusión.

Me parece también importante resaltar, como último punto, que, cuando la Presidenta dice: “Tenemos que manejar desde el Estado pero con sentido profesional”, creo que no hay riesgos en caer en una visión  tecnocrática del Estado. Al contrario, en otro gran cambio de época, nuestro Estado está ocupado en distintos niveles por un porcentaje muy superior de militancia comprometida con un proyecto y con una cantidad de sueños, lo que cambia completamente la ecuación histórica. Como en toda América Latina, hay una ocupación del Estado por un cuerpo administrativo mucho más comprometido con un proyecto que con los intereses financieros de los grupos dominantes.

Ahora bien, hay que estar atentos, para no sobrecargar únicamente el componente ideológico del Estado. Es decir, como el Estado es el instrumento que tienen los más vulnerables  para poder equilibrar sus posibilidades mediante las políticas públicas, sentirnos parte de ese proyecto de liberación, puede abrir la puerta a la tentación de utilizar recursos públicos con fines personales o nombrar a familiares aunque no estén capacitados. Total, ‘lo hacemos en nombre de la liberación’. Entonces, cuando nuestra Presidenta habla de una visión muy profesionalizada a cargo del Estado, lo que está haciendo es sostener ese componente ideológico, pero al mismo tiempo dotarlo de un componente de capacitación técnica que por un lado garantice la eficiencia de la empresa, y por otro lado no le de elementos al enemigo, que se apropia de esos déficit del Estado, para que la sociedad termine no queriendo al Estado, como ha sucedido anteriormente. Cuando la sociedad pone al Estado del lado de los malos de la película, ahí perdimos la batalla. Porque perdimos el instrumento que justamente la sociedad, el pueblo, tiene para equilibrar la distribución del poder.

Abordar estas cuestiones debe servir para discutir los ejes centrales. Para que algún pedacito de esta oposición que ahora vota a favor no vote a favor solo porque las encuestas indican que si votan en contra pierden votos, si no que voten a favor porque también están comprometidos con algo. Y así, ganar autoridad para marcar las diferencias o sugerencias que podamos tener. Porque cuando uno las marca desde la buena fe, desde el reconocimiento y el acompañamiento, se ejerce la autoridad moral para que esas propuestas que uno hace para corregir o para mejorar, sean tenidas en cuenta. A nosotros nos ha pasado, con los proyectos de Aerolíneas o de Ley de Medios, que tienen algunos  artículos que están escritos de puño y letra por quien les habla, desde el compromiso: “Señora Presidenta, nosotros la vamos a acompañar, la acompañaríamos aún sin estas modificaciones. Pero creemos que estás mejoran el proyecto y corrigen deficiencias”. Aceptar las modificaciones y aportes ubica al gobierno mucho mejor que a la oposición frente a la sociedad. Porque la oposición no se legitima oponiéndose a todo, sino teniendo la oportunidad de aportar en términos constructivos.

Hoy, el único proyecto político es el del gobierno nacional. Del otro lado no hay proyecto alternativo. No es que no haya decisiones políticas: hay decisiones políticas que son destructivas, conspirativas o destituyentes, y que no esta generadas desde la política. Los políticos de la oposición son meros repetidores de una estrategia y de una agenda que esta fijada por fuera de la política. Recuperar la discusión de distintas alternativas dentro de la política sería muy importante para mejorar la ecuación entre política y corporaciones.

Pero hoy hay un sólo centro de irradiación, que está representado por la Presidenta. Recordemos que, horas después de la muerte de Néstor Kirchner, Rosendo Fraga hace una primera editorial donde le dice a la Presidenta: “Señora, ahora usted tiene la gran oportunidad de conversar con los que tiene que conversar. Porque era su marido el que le prohibía conversar con ellos, con los dueños del poder, a fin de conseguir un país civilizado, moderno, ordenado, etc”. Cuando la Presidenta dice ”Yo voy a decidir con quién hablo y con quién no hablo”, está ejerciendo el poder. Organiza su gobierno y sigue profundizando el modelo. Entonces ahora, son los voceros del poder los que sostienen que añoran la época en que Kirchner dialogaba, porque esta mujer no dialoga. Era necesario que nuestra Presidenta actuara de ese modo, porque si no la cortaban en tiritas.

La centralidad en la Presidenta del proyecto también tiene como contracara que necesita para su profundización, el soporte de una fuerza política, que desde luego reconoce el liderazgo clarísimo en la Presidenta, pero que no puede estar supeditada únicamente a su brillantez. Hay que construir debajo de ello una organización política que esté a la altura del desafío. A diferencia de Brasil o de Uruguay, donde los partidos que sostienen al gobierno presionan por izquierda a esos gobiernos, este es un país que está viviendo un proceso similar, o más audaz aún en cuanto a su agenda, pero sostenido desde el liderazgo gubernamental, porque la principal fuerza política se ubica a la derecha del proyecto. Me refiero a la estructura del Partido Justicialista. El poder territorial que tienen De la Sota en Córdoba, Reutemann en Santa Fe, los barones del conurbano, en términos de estructura, no están profundamente consustanciados con la audacia de la agenda. Hay que adecuar el armazón y llenarlo de esta sociedad civil que está sosteniendo la voluntad de cambio. Este me parece que es otro de los desafíos que tenemos que afrontar. Muchas gracias.


Preguntas:


Respuesta ante una pregunta inaudible.


Creo este es un gobierno audaz, que tiene decisión, que cuando tiene que tocar un interés lo toca, que inclusive ha tocado intereses de grupos que hasta el momento de tocarlos estaban cercanos al gobierno.

Me refiero a que cuando hubo que dar una directiva sobre el aumento de encajes que involucró el Banco Macro, por más cercano que fuera al gobierno, se la tuvo que bancar. El empresario Eskenazi, también cercano, hoy no va a tener la misma relación con la empresa ni con el Estado después de la estatización de YPF. Se deberá alinear con la política de control empresario que hagan los interventores y después la dirección de la empresa. Creo que van a tocar a TBA, y al grupo Cirigliano, debido a las irregularidades detectadas en un área en la que, a mi juicio, se han demorados las decisiones. ¿Cómo se toman estas decisiones? Se toman en una mesa donde hay muchos papeles. Debemos tomar conciencia de lo complejo que es gobernar un país. En primer lugar, un Presidente tiene información, recibe información que maneja solo el Presidente de un país, porque para eso están las áreas de gobierno que le proveen información muy calificada, por lo tanto tiene que decidir entre cosas que a veces uno no tiene acceso.

Uno dice “como me gustaría tal cosa”. Pero resulta que uno no está tan al tanto de la presión de las provincias, la presión de las empresas, la presión de las acciones que están cotizando en una bolsa afuera, y entonces a partir de todo eso si yo confió en que este es un gobierno que va para donde tiene que ir, y que tiene un Secretario Legal y Técnico de Presidencia  con un equipo que analiza todas esas alternativas, y me imagino que toma la que en términos políticos es mejor para la defensa de los intereses nacionales. No es fácil gobernar un país como la Argentina, con tantas presiones.

Hay una decisión importante, que tomó el gobierno,  independientemente del formato jurídico, que es la recuperación de la coordinación nacional de la política petrolera. Porque a partir de la reforma constitucional del año 94 y de la ley de hidrocarburos, la relación con las empresas y la “decisión soberana” entre comillas, las tenían las provincias  como dueñas del recurso. Cuando empecé a ver que se reunían las provincias, que se daban una misma política como la de quitarle a la empresa áreas que no estaban bien exploradas, me di cuenta de que detrás de eso estaba la mirada nacional. Eso no se hace si no es a través de una coordinación política nacional. Porque el volumen de negocios que maneja el área del petróleo en un país, solamente puede ser equiparado con la escala nacional, y a veces ni siquiera, porque hay empresas que manejan presupuestos mayores a los presupuestos de los propios estados. La cadena Wall Mart tiene una facturación que es tres veces el presupuesto de Chile, entonces, cuando va a discutir con Chile hay condiciones desiguales. Haber recuperado la mirada nacional y el control nacional de la política energética, mas allá del formato jurídico, me parece un cambio de paradigma fundamental.

Me pareció fundamental, además, que, mientras la Presidenta hacía el anuncio, ya estaban firmados los decretos de intervención y los interventores estaban golpeando la puerta de la empresa. Porque no se podía dejarle el manejo a Repsol hasta que se aprobara la expropiación. Esta ley es importante no sólo porque expropia el capital mayoritario de la empresa, sino que, fundamentalmente, establece en el artículo uno, la soberanía energética y el autoabastecimiento como políticas de Estado. Menem entregó el país sosteniéndose en tres instrumentos legales, todos llamados “leyes marco”: la leyes de emergencia económica y de reforma administrativa del Estado, de 1989, y el decreto desregulador de Cavallo de 1991. Con esto, lo que quiero decir, es que una ley marco, cuando va direccionada en el sentido inverso, también puede hacerlo todo, en términos positivos, porque en función de esa ley marco que fue aprobada con el apoyo del 80 o 90% del Parlamento, se pueden  derogar decretos, se pueden modificar los marcos regulatorios y plantear con mucha legitimidad la reformas pendientes a la ley de hidrocarburos. Esto es: hay un conjunto de instrumentos jurídicos, que me parece que constituyen un programa de acción y me disipa las dudas de si la voluntad política  realmente era la que se expresó. Yo creo que está armado el paquete jurídico como para instrumentar una decisión política con mucha fuerza.


Respuesta a una pregunta sobre la separación de la Iglesia y el Estado.


Creo que la mayor incidencia mayor que tiene la Iglesia Católica sobre la sociedad está dada por la educación, por su inserción en el aparato educativo. Coincido con vos, y el momento de la separación va a llegar. Me parece que se han dado batallas muy fuertes. La reforma del Código Civil, que recientemente ingresó al Parlamento, con instituciones familiares que cuestionan claramente las posiciones más conservadoras de la Iglesia, la ley de matrimonio igualitario, la batalla contra la corrupción de la Iglesia, etc. van en ese camino. Creo que en un tiempo perentorio se aprobará la ley de despenalización del aborto. Se están dando otros tipos de batallas.

La sanción del instrumento legal no es la madre de las batallas, para mí lo central es quitarle todos los soportes a ese poder de la Iglesia, y me refiero al financiamiento del Episcopado y del sistema religioso de educación por parte del Estado. En términos de contenido, lo más fuerte es eso: sustituir el financiamiento estatal de escuelas religiosas por el financiamiento a escuelas públicas. Esto no significa atentar en absoluto contra las convicciones religiosas de cada cual, simplemente se tiende a consumar el concepto del Estado laico, que es un adelanto de la civilización.


Respuesta a una pregunta referida a la reelección y a la falta de cuadros políticos para seguir con el modelo.


Ese es un eje central de este momento de la Argentina. Me es muy difícil dar una respuesta puntual, pero intentaré aproximarme a una idea: en primer lugar, entiendo tu preocupación. En aquella ‘mesa del poder’ que había descripto, todos los que forman parte de ella están allí desde hace 20 o 30 años. La única que tiene que rotar cada cuatro años es la política, y eso es un factor más de debilidad de la política frente al conjunto del poder. Por lo tanto a mi no me escandalizan los mandatos largos.

Los sectores liberales ‘institucionalistas’ admiran los sistemas parlamentarios europeos. En primer lugar los llamaría pseudo-institucionalistas, porque no me banco la discusión donde quienes se autodenominan institucionalistas son los mismos sectores que promovieron bombardeos, proscripciones, golpes de estado, genocidios, etc. Además, Mitterrand estuvo 14 años, dos mandatos de siete años en el poder, los sistemas parlamentarios no ponen limite al número de mandatos, mientras haya liderazgo parlamentario y se ganen las elecciones.

Es necesario hacer una primera salvedad: la Presidenta tiene un impedimento constitucional, por lo tanto, hay que construir mucha legitimidad para lograr una reforma constitucional. Y si se logra, una reforma puede o no modificar la cláusula de reelección, o puede consolidar los derechos sin tocar la reelección, o puede reformular el sistema institucional donde la Presidenta tenga un rol distinto como separar el cargo de Jefe de Gobierno y Jefe de Estado. Hay muchas alternativas. O puede no haber reforma constitucional, mucha legitimidad política y  la Presidenta ser la gran electora como fue Lula de Dilma Rousseff en Brasil.

El problema en todos  los casos, es si hay una estructura de cuadros que tengan la representatividad, la llegada y la legitimidad como para poder sostener la continuidad de este proceso. Yo creo que no los hay en número suficiente. Hay un candidato que, según se dice, tiene muchos votos, que se llama Daniel Scioli, pero lo que no tiene es la fuerza de cambio ni la convicción de consolidar el proceso. Creo que si él hubiese tenido más influencia sobre el proceso político no hubiéramos tenido Ley de Medios, ni hubiéramos desmonopolizado Papel Prensa, ni la Argentina hubiera jugado el papel que jugó en Unasur. Daniel Scioli,  es el gobernador de la principal provincia dentro de la coalición de la Presidenta, y alguien me podría decir que Scioli ‘cada vez que estuvo que estar, estuvo’.

En este sentido, hay que distinguir el rol de conducido bajo un liderazgo de aquel rol que tiene alguien que llega a conducir, en particular en el justicialismo. Una cosa es el Scioli parte de un proceso liderado por otros, y otra cosa sería Scioli conduciendo un proceso, porque él no representa ni en términos ideológicos ni en términos simbólicos, ni por aproximación, las cosas que le dan la impronta fundamental al kirchnerismo. Por lo tanto yo me opongo firmemente a la tesis de algunos que dicen: “si no tenemos mas remedio lo tenemos que bancar, y después rodearlo”, porque me parece una construcción absolutamente artificial y naif. Scioli no es el candidato de un kirchnerismo que llegado el caso puede llegar a no tener más remedio que bancarlo, sino que es el candidato del establishment. Es la figura política del partido del orden, como Moyano se está convirtiendo en la figura sindical del partido del orden.

La disputa no es con Macri. Éste, además de ser un mamarracho, no tiene liderazgo nacional y si mañana quiere sacar un ley no puede reunir a la Legislatura de Buenos Aires. Mucho menos va a poder reunir la Cámara de Diputados de la Nación. El que puede tener eso, es el que represente a lo que Julio Bárbaro y Osvaldo Pepe de Clarín, nombraron hace unos días, como “el peronismo que se quedó en la Plaza”. El eje de la disputa política que se está viendo hoy por la continuidad de este proceso, no esta afuera de la coalición oficialista, porque fuera de la coalición oficialista no hay nada, sino que está adentro, y se centra en recomponer a partir de alguna figura de esa coalición, el peronismo que en 1974 se quedó en la Plaza en lugar de ser echado, y que es, entre comillas, el “verdadero peronismo”. El que “eligió Perón y no el de esta montonera irresponsable, que mirá adonde nos está llevando”. Esa es la discusión central que hay hoy en la Argentina.

Y la cuestión de Boudou tiene que ver directamente con esto. La estrategia del establishment es ir esmerilando a los que potencialmente puedan ser los continuadores -nos puede gustar o no Boudou- y ganarle la carrera a los que estamos tratando de esmerilar la base de sustentación de Scioli en la Provincia de Buenos Aires. Porque después te sacan a Scioli, a Urtubey y a Sergio Massa desde el seno de la coalición de gobierno, lo que le generará un daño muy fuerte. La primera que sabe esto –y no estoy diciendo nada nuevo– es la Presidenta de la República. Y debe estar organizando diversas estrategias y cursos de acción para poder remediar esta situación. Hay sectores que están estudiando la reforma de la Constitución, y para todo esto es necesaria la construcción de una fuerza política que exprese esta situación.

Me refiero a que la base político electoral hasta ahora ha estado en la estructura del PJ, y no lo estoy diciendo desde el antiperonismo, porque el eje vertebrador de esta nueva fuerza política es el peronismo, pero no el PJ. Es el peronismo como sujeto  social y  como categoría cultural y sociológica de la Argentina. No es sin el PJ, sino que el centro de gravedad lo vayan marcando todos los nuevos actores políticos. El problema es cuando el  centro de gravedad lo pone el PJ y los que son satélites son los nuevos actores. Este es el trasvasamiento que yo creo que se va  a dar. Y creo que se va a dar, porque es la política el lo que lo hace. La agenda política innovadora construye nuevos actores y nuevos sujetos, y lo va a seguir haciendo. Para la elección de medio termino de 2013, y a partir de una fuerte legitimidad, la Presidenta jugará un papel mucho más preponderante en el armado de las listas que la estructura del  PJ.

Sin embargo el establishment no se duerme en los laureles. Cada vez que el vicegobernador Mariotto da un paso en su cuestionamiento al Ministro de Seguridad de la Provincia, Casal, sea por el caso Candela, por la policía judicial o por la comisaría de José León Suárez, el establishment da el paso para cuestionar a Boudou, y así sucesivamente. En esta disputa política, el establishment utiliza todas las estrategias, como la de poner en el centro de la política a una mujer que se está separando del esposo y discute la distribución de bienes, y en medio de eso denuncia sin pruebas –sólo con un comentario de su ex marido- al vicepresidente, y se convierte así en protagonista del programa televisivo que tienen en el cable dos editores jefes del principal diario argentino. Hace unas semanas en el programa de Van der Kooy, en TN, esta mujer, de apellido Muñoz, hablaba desde Mendoza como una virgen protectora, así fue la estética del programa. Clarín convierte un comentario en una verdad jurídica que le cuesta la vida política al ex procurador y al juez de la causa. Es una cosa que no tiene nombre en la Argentina, si tenemos en cuenta que el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires tiene procesamiento en primera instancia, confirmado por la cámara, y no aparece en ningún lado.

Esta composición política termina en Scioli y esta es la pelea para la que la Presidenta está preparando a muchos jóvenes. De alli la decisión de sumar a jóvenes de La Cámpora en las listas, en las legislaturas, en la Cámara de Diputados, en las provincias, en los organismos nacionales, etc.


Respuesta a una pregunta sobre los déficits en la implementación de la Ley de Medios.


He recibido muchos comentarios de personas vinculadas con el tema de medios que sostienen que ha habido un déficit de gestión, que falta actualizar los mecanismos que establece la Ley de Medios, como el otorgamiento de señales, la incorporación de la sociedad civil, la distribución de licencias, etc. Es cierto que hay un déficit, pero lo que pasa es que es una ley tan ambiciosa, que no previó no contar con todos los recursos, y no me refiero solamente a los económicos, sino al saber necesario como para implementar, por ejemplo, el artículo 161, sobre el cual Zaffaroni dijo que este año va a haber un pronunciamiento.

Del otro  lado te podría decir que se ha hecho mucho en el tema de TV digital, de las nuevas señales, de la distribución de decodificadores, del papel de las Universidades. Creo que los grandes avances de la ley de medios mas que con el texto de la ley, tienen que ver con el debate público que abrió, con el avance de la capacidad critica de análisis de una parte cada vez mayor de la sociedad, sobre las cosas que pasan, con la desmitificación del periodismo independiente, que cayó del pedestal. Pero en lo referente a la instrumentación de la ley, coincido en que está demorada.


Respuesta a una pregunta respecto a la ley de medios.


En la revista La Tecla, una publicación que no tiene distribución masiva, pero que se distribuye en los centros de dirigencia política e institucional de la Provincia de Buenos Aires, y está claramente  sostenida por Scioli, sale en tapa Karina Rabolini diciendo “Nunca me pidieron ser candidata y no lo voy a ser”. Y en el interior de la revista aparecen cuatro páginas centrales para que una modelo diga que no va a ser una candidata política.

En todo este universo simbólico y semiológico también se expresa la pelea fuerte entre dos grandes empresas: Ciccone y Boldt. Esta última es la que maneja el juego en muchos lugares de la Provincia, y además esta muy comprometida con el financiamiento de campañas de toda la corporación política. No de un solo partido, sino de toda la corporación, donde alguna vez jugó Florencio Randazzo, justamente quien dijo que no pondría las manos en el fuego por el Vicepresidente. La cuestión es que los legisladores más vinculados al kirchnerismo y a La Cámpora, hacen un pedido de informes en la Legislatura de  la Provincia de Buenos Aires para ver cuál es la relación entre el gobierno de Scioli y Boldt. No se estila que la fuerza oficial le haga un pedido de informes a su propio gobierno, si es que lo considerara propio gobierno. Sin embargo, la tapa de la revista La Tecla llama a esto “conflicto de pandillas”. Y lo grafica con Tom y Jerry, Tweety, el Gallo Claudio y Popeye. Esto es, semiológicamente, la política para Scioli: es una modelo que requiere cuatro páginas para decir que no va a ser candidata política (que es como si a mí me sacaran cuatro páginas para decir que no voy a correr el Mundial de yachting). Para Scioli, la noticia es esa, y la verdadera confrontación política es una pelea de pandillas, representadas por personajes de dibujitos animados. 


*Lanzamiento del Centro de Estudios Políticos Encuentro -Mar del Plata, 26 de abril de 2012-